Hay novelas que nos conmueven por lo que cuentan, y otras que, además, nos atrapan por dónde lo cuentan. Bajo la sombra, de Catalina Guzmán, es ambas cosas: una historia íntima y potente, tejida con la precisión de quien conoce no solo a sus personajes, sino también la tierra que pisan. Y esa tierra, en este caso, es Navarra. Más concretamente, el Valle de Salazar. Resulta especialmente sorprendente —y admirable— que Catalina, siendo mexicana, haya logrado crear un universo tan verosímil y enraizado en la cultura navarra. Ha imaginado la localidad de Uxín, un pueblo ficticio situado en el Valle de Salazar, que cobra vida en esta trilogía y en el cual creemos estar caminando a cada página que dejamos pasar.

Navarra no es solo el escenario en esta historia. Es un personaje más. Sus montes, sus valles, sus caseríos envueltos en niebla, sus silencios y supersticiones rurales marcan el ritmo de la trama. La novela respira el folclore, las creencias antiguas, la tensión entre la modernidad y las raíces que no terminan de soltar. Hay una constante referencia a las tradiciones, al peso del linaje, a las cicatrices que deja la historia: la colectiva y la personal.
Lo más fascinante es cómo Catalina entrelaza todo esto sin caer en el costumbrismo fácil. En Bajo la sombra, Navarra aparece con toda su complejidad: es refugio y amenaza, belleza y carga. Hay ecos de leyendas, de antiguas prácticas que rozan lo mágico, de secretos que la tierra parece haber absorbido y que ahora salen a la luz con la fuerza de lo inevitable. Leer esta novela ha sido, para mí, como caminar por un sendero antiguo con linterna en mano: uno avanza con cautela, sintiendo que algo se mueve entre los árboles, que las historias no mueren, solo esperan a que alguien las escuche. Y Catalina lo ha hecho con maestría.
Uno de los aspectos más delicados y valientes de la novela es cómo aborda los problemas de salud mental. Catalina lo hace con sensibilidad, sin dramatismos innecesarios, mostrando la fragilidad que a veces se esconde bajo el silencio familiar, la represión emocional y el miedo al qué dirán. Los personajes luchan contra cargas invisibles que, generación tras generación, han sido negadas o disimuladas. La autora visibiliza estos conflictos con una mirada compasiva, honesta, y necesaria.
Una lectura imprescindible si te interesa la literatura que dialoga con la historia local, con el alma de los lugares y las sombras que habitan incluso en plena luz del día.
“Escribo porque no puedo evitarlo: así es como busco y así es como encuentro”
Acudí a la presentación de Bajo la sombra, por invitación de la editorial Medialuna, el 7 de abril en el Hotel la Perla (Pamplona), sin imaginar cuánto disfrutaría de la experiencia y cuánto disfrutaría con la lectura previa de la novela. Tuve, además, la suerte de entrevistar a Catalina Guzmán, una autora tan cálida como brillante, cuya conversación también podrás disfrutar en el video que acompaña esta reseña, y en ella queda claro algo que también se siente al leer el libro: el vínculo profundo entre autora y territorio.
Si te ha interesado esta lectura, te invito a ver la entrevista completa con la autora. Catalina habla con una lucidez y una pasión que iluminan aún más los matices de su novela: desde cómo investigó el pasado navarro hasta cómo construyó una atmósfera tan poderosa. Nos cuenta entre otras cosas, cómo siendo mexicana, se acercó al pasado navarro con respeto y profundidad, y cómo logró desarrollar un imaginario tan cercano a esa tierra. También nos habla sobre cómo quiso dar voz al sufrimiento que tantas veces se oculta, y cómo la literatura puede tender puentes hacia la empatía. Una conversación tan reveladora como el libro mismo.




