Censura de libros en Estados Unidos: Impacto y resistencia

En Estados Unidos hay una batalla por el derecho a leer. Solo en este curso académico se han prohibido más de 800 títulos y en todos los estados hay al menos algún título restringido. Este 2024 han aumentado las prohibiciones en un 11% en las escuelas públicas y un 60% en las bibliotecas. Solo el estado de Florida concentra el 40% de las prohibiciones, ya que se han aprobado varias leyes que vetan hablar sobre orientación sexual en las escuelas. Títulos que en España son muy fáciles de encontrar en cualquier biblioteca pública, son imposibles de leer en las bibliotecas de Florida. Pero es que Misuri ha ido más allá, la ley contempla multas e incluso penas de cárcel para profesionales del mundo de la enseñaza y las bibliotecas, que ofrezcan libros que se consideran nocivos. Si bien la censura de libros ocurre en todo el país, se hace más presente en los estados republicanos, los más conservadores. Texas solía encabezar la lista con el mayor número de censuras, pero en los últimos dos años Florida lo ha superado triplicando las prohibiciones. Desde la Asociación de Bibliotecas Estadounidenses manifiestan su preocupación y temen que con las elecciones presidenciales, la politización de las bibliotecas públicas vaya a más.

La literatura clásica y los bestsellers no escapan de la censura, pero los más afectados son los libros que tratan temas como la discriminación racial, los abusos políticos, las distopías, la identidad de género o el colectivo LGTBI. Entre los libros prohibidos hay 16 títulos del autor Stephen King, como también Margaret Atwood o Toni Morrison, entre otros muchos autores, han visto a sus obras afectadas por estas conductas prohibitivas. Libros que han sido marcados como peligrosos y que las escuelas han tenido que retirar de sus estantes o, en algunos casos, considerarlo. Entre esos libros prohibidos encontramos algunos de estos títulos:

¿Dieciséis de mis libros prohibidos?
Debo estar haciendo algo bien

Stephen King

¿Cuál es el objetivo de estas prohibiciones? Poner un veto a leer miles de libros persigue la idea de apartar a ciertas comunidades de la vida pública, a la vez que deslegitimizar a las instituciones públicas. Libros que hace unos años se podían leer con toda tranquilidad, ahora mismo solo pueden leerse de forma clandestina.

¿Dónde nacen estas prohibiciones? Algunas de las denuncias proceden directamente desde grupos de padres y madres en las escuelas, pero la inmensa mayoría provienen de organizaciones que tienen en su base grupos extremistas. Muchas de estas prohibiciones han surgido a raíz de legislaciones que exigen que las bibliotecas escolares soliciten la opinión de la comunidad acerca de los materiales que ponen a disposición de los estudiantes. Leyes controvertidas como «No digas gay», prohíbe a los maestros abordar en el aula temas como la identidad de género y la orientación sexual.

En la otra cara de la moneda nos encontramos con estados que combaten estos vetos elaborando leyes que prohiben prohibir libros, como el demócrata Illinois, el primer estado en establecer por ley el derecho a leer. Al firmar esta legislación, el gobernador J.B.Pritzker ha convertido a Illinois en el primer estado del país en oponerse a la cruzada de la censura. Esta legislación entró en vigor el 1 de enero de 2024.

Estudiantes, docentes y bibliotecarios de todo el país se han agrupado para combatir esta ola de prohibiciones que ha retirado casi 3000 libros de las escuelas públicas en más de 41 estados, frente a los 5894 intentos de censura. Los estudiantes han comenzado a organizarse para contraatacar. Se han creado clubs de libros prohibidos, que han generado una gran controversia. Maestros y bibliotecarios de otros estados les ofrecen apoyo y les prestan los libros, luchando así contra la censura. Estudiantes de otros estados han comenzado a crear clubes de libros prohibidos, en lugares donde la prohibición de libros no significa una crisis, y los alumnos envían libros a otros que sí están sufriendo esta censura. Las luchas de los clubes de lectura son fundamentales y ya han conseguido devolver a los estantes a algunos títulos, sin embargo, esta batalla contra la censura será difícil y larga.

La prohibición del acceso a obras literarias fundamentales atenta contra las libertades constitucionales básicas. Se trata de la peor ola de censura en décadas. La prohibición y objeción contra libros en EEUU se ha intensificado a un nivel sin precedentes. Los intentos de prohibir libros son intentos por silenciar a los clubes que se han armado de valor para contar sus historias.

Como respuesta a la censura literaria en Florida, Adam Byrn Tritt, activista y poeta, ha creado la fundación 451, compra libros prohibidos y los distribuye en lugar públicos. La cantante Pink, en colaboración con PEN América y Books&books, ha repartido miles de libros censurados en sus conciertos en Florida.

«En los últimos años ha habido un ataque sin precedentes a la libertad de expresión en la educación publica»

declara PEN América

Lo más llamativo de esta ola de censuras literarias es el esfuerzo político organizado que la respalda, asegura la presidenta de la Asociación Estadounidense de Bibliotecas (ALA): «Los bibliotecarios deben ser quienes tomen las decisiones sobre qué libros hay en nuestra colección. Somos profesionales. Tenemos títulos universitarios. Contamos con una asociación de profesionales que nos convoca periódicamente para discutir las mejores prácticas para el desarrollo de colecciones. Construimos colecciones para las comunidades a las que servimos y la responsabilidad de crear esas colecciones debe vivir con nosotros.»

En Nueva York, las bibliotecas públicas han ofrecido temporalmente al público varios títulos prohibidos, permitiendo que cualquier persona mayor de 13 años accediese a ellos.

«Adelante, prohiban mi libro. A aquellos que intentan impedir que los jóvenes lean El cuento de la Criada, buena suerte con eso. Solo hará que quieran leerlo aún más»

Margaret Atwood.

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